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No todos los vinos están pensados para servirse muy fríos, pero cuando lo están… se nota. Son vinos que ganan en frescura, en ligereza y en capacidad de refrescar, especialmente cuando aprieta el calor.

Aquí es importante no pasarse: frío sí, helado no. Demasiado frío puede esconder aromas y hacer que el vino pierda gracia. La idea es que resulte refrescante sin dejar de expresar su carácter.

Son perfectos para planes informales, terrazas o comidas ligeras. Y si alguna vez has pensado que el vino no es para el verano, probablemente es porque no estabas bebiendo el adecuado.

Preguntas frecuentes Preguntas frecuentes

No todos los vinos se deben tomar fríos: los blancos, rosados y algunos generosos sí ganan frescura, pero los tintos suelen disfrutarse mejor a temperaturas más templadas.

Se enfrían porque el frío resalta la frescura y hace el vino más agradable, sobre todo en climas cálidos o con comidas ligeras.

Si lo enfrías demasiado, pierde aroma y sabor, y se vuelve más plano.

Sí, los vinos de Jerez se pueden tomar fríos: finos y manzanillas bien fresquitos, y los dulces como Pedro Ximénez algo menos fríos.

Un vino frío acompaña muy bien platos ligeros, tapas y aperitivos, como ensaladas, mariscos o quesos suaves.