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Los productos ibéricos son una de las joyas gastronómicas más apreciadas de la península. Su calidad depende de factores como la raza del cerdo, su alimentación, el entorno donde se cría y el proceso de curación. El cerdo ibérico, autóctono de la península ibérica, tiene la capacidad de infiltrar grasa en el músculo, lo que da lugar a jamones y embutidos de textura jugosa y un sabor intenso que nos encanta. Además, en el caso de los productos de bellota, la alimentación a base de este fruto y la vida en libertad en las dehesas confieren al producto final unos aromas únicos, ricos en matices y con una textura inconfundible.

Preguntas frecuentes Preguntas frecuentes

Las regiones más reconocidas por la calidad de sus embutidos ibéricos son aquellas con Denominación de Origen Protegida, como Jabugo (Huelva), Guijuelo (Salamanca), Los Pedroches (Córdoba) y la Dehesa de Extremadura. Estas zonas combinan un clima ideal, tradición artesanal y dehesas donde los cerdos se alimentan de bellota.

La principal diferencia radica en la alimentación y la raza del cerdo. El jamón ibérico puede proceder de cerdos alimentados con pienso (cebo), mientras que el jamón de bellota proviene de animales criados en libertad y alimentados principalmente con bellotas durante la montanera. Esto influye tanto en el sabor como en la textura y el valor nutricional.

Los embutidos deben mantenerse en un lugar fresco y seco, preferiblemente en su envoltorio original o envueltos en papel encerado o de cocina, nunca en plástico. Una vez abiertos, es mejor consumirlos en pocos días y conservarlos en la parte menos fría del frigorífico, sacándolos antes de consumir para que recuperen su temperatura y aroma natural.