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Elegir un vino para el postre puede parecer fácil… hasta que lo pruebas y no encaja. La clave está en el equilibrio: el vino debería ser tan dulce o más que el propio postre.

Los vinos dulces para acompañar tu postre tienen una ventaja clara: intensidad y complejidad. No son simplemente dulces, tienen matices de fruta pasa, miel, café o cacao que los hacen perfectos para acompañar —o incluso sustituir— el postre.

¿Chocolate? Funcionan de maravilla. ¿Tartas o repostería tradicional? También. Incluso solos, en pequeñas cantidades, pueden ser el cierre perfecto. Porque a veces el postre no está en el plato, sino en la copa.

Preguntas frecuentes Preguntas frecuentes

Los vinos dulces ideales para postres suelen ser el Pedro Ximénez, los Cream o los Moscatel, porque acompañan muy bien sabores dulces sin quedarse cortos.

Con chocolate, apuesta por un Pedro Ximénez: es dulce, goloso y le va perfecto al cacao, sobre todo si es intenso. Si el postre es más suave o con caramelo, un Cream entra muy bien también.

No tienen por qué ser empalagosos: si están bien equilibrados con acidez, resultan agradables y no saturan.

Lo mejor es servirlos fresquitos, entre 10 y 12 °C, para que se disfruten más y no resulten pesados.

No, ni mucho menos: hay vinos dulces más ligeros y frescos, como un Moscatel, y otros muy intensos y densos, como un Pedro Ximénez. Cambian en dulzor, cuerpo y aromas, así que cada uno encaja mejor con distintos postres.